María Bonilla Mendez









MARIA BONILLA MENDEZ

1902

CANTANTE Y PEDAGOGA



La famosa cantante y gran maestra María Bonilla Méndez, nació en Cuauhtempan, perteneciente a Tetela de Ocampo, Estado de Puebla, el 26 de enero de 1902.

Sus padres fueron el gran maestro y nahuatlato don José María Bonilla Cuevas y doña Rosalía Méndez de Bonilla.



La maestra María Bonilla desciende de hombres recios y valientes que pelearon contra los franceses. Ellos fueron su abuelo materno, el renombrado héroe, general de los indios de Puebla, don Juan Nepomuceno Méndez, y don Juan Crisóstomo Bonilla.

Su padre don José María, a quien cariñosamente le llamaban Don Chema, fue apóstol de la educación, la que impartió durante 60 años.

Cuando aún no cumplía un año de vida a maestra Bonilla, su familia se trasladó a la ciudad de México en donde su padre era Inspector de Escuelas del Distrito Federal. La familia se estableció en Coyoacán.

Desde su mas tierna infancia la pequeña María se vio rodeada de cierta afición musical, puesto que su madre tocaba piano y dos tías suyas, hermanas de doña Rosalía, eran poseedoras de magnífica voz, aunque nunca actuaron profesionalmente, por lo cual se decía que la maestra Bonilla había heredado de ellas preciado don.

Ya desde pequeña la maestra Bonilla manifestaba claramente su inclinación a la música, actuando en sus juegos en la escuela, y en donde también formaba parte del coro.

En cierta ocasión, cuando tenían 7 años, fue escogida para que catara sola el Himno Nacional en un festival que se efectuó en el Ayuntamiento de Coyoacán, antigua casa de Hernán Cortés, siendo ésa la primera vez que cantó en público.

Antes que la maestra María Bonilla estudiara música, ya cantaba fragmentos de óperas que ella oía en el fonógrafo que tenían unos vecinos.

A los 11 años de edad se inició en la música, estudiando el piano con Ángela Peredo, quien era organista de la iglesia de San Jacinto, en San Ángel. Luego siguió estudiando con el maestro don Salvador Pérez, quien formaba parte de grupo de bohemios al que pertenecían el poeta Luis G. Urbina, el músico y famoso humorista Ernesto Elorduy, don Justo Sierra y otros más.

Pero vinieron ciertos acontecimientos políticos después de la muerte de don Francisco I. Madero y Pino Suárez, en que se mezcló el padre de la maestra Bonilla, por lo que tuvo que huir a la sierra de Puebla y se incorporó a las fuerzas de los generales Márquez. Toda la familia lo siguió, estableciéndose en Tetela.

Por esta razón la maestra Bonilla suspendió temporalmente sus estudios musicales; en cambio, entró a colaborar al hospital, sirviendo así a la Revolución.

Al finalizar el año de 1914, la familia regresó a México, pero como don José María se había ido a a Convención de Aguascalientes, doña Rosalía y los demás miembros de la familia, tuvieron que dejar la casa de Coyoacán y vivir escondidos con unas amistades, por temor a las represalias, tan comunes en aquella época.

En tales condiciones, pronto se vio la familia falta de dinero, por lo que la maestra Bonilla entró a trabajar como pianista en las salas del cine mudo, como el cine América, que estaba ubicado por el barrio de la Merced, en donde le pagaban un peso diario. Después formó parte de un trío, con violín y chelo, en el que le daban un peso y cincuenta centavos diarios.

Al tener conocimiento don José María de que su hija María estaba trabajando en los cines, su contrariedad fue tanta, que se regresó inmediatamente a la Capital, pues no quería que su hija anduviera en ese ambiente. Por tal razón, le consiguió entrar como secretaria de un amigo suyo que era inspector de escuelas, con quien ganaba 30 pesos al mes; además, daba clases de piano a 4 alumnas, las que le reportaban algún dinero más.

Miguel, su hermano mayor, se fue a trabajar a los Estados Unidos de Norteamérica, de donde mandaba dinero para que María pudiera continuar estudiando la música. Fue entonces cuando recibió las enseñanzas del conocido maestro don Pedro Luis Ogazón, quien tenía su Academia de Piano en San Ángel.

La maestra Bonilla contaba entonces 18 años de edad.

En dicha academia la maestra María Bonilla fue condiscípula de otros alumnos del maestro Ogazón, que llegaron a distinguirse en el medio musical y algunos alcanzaron la consagración; entre ellos podemos mencionar al maestro Carlos Chávez y a Otilia Ortiz, quien luego se convirtiera en la esposa de maestro Chávez; al maestro Manuel Rodríguez Vizcarra.

Un día se organizó un concierto en honor del maestro Ogazón con motivo de su onomástico, el cual se efectuó en su casa y al que asistió el famoso pianista polaco, Arturo Rubinstein, quien estaba en México por primera vez.

En el programa figuraba la maestra Bonilla. Al llegar su turno, el maestro Ogazón le preguntó:

-¿Qué me va a tocar?

A lo que ella contestó:

-Voy a cantar:

-¡Cantar! Pero, ¿usted canta?

-Nunca he estudiado, pero canto.

Entonces cantó, dejando a todos admirados por su maravillosa voz y el mismo maestro don Pedro Luis Ogazón, al descubrir tal prodigio, le recomendó que dejara de estudiar el piano con el maestro Ogazón.

En 1921 ingresó al Conservatorio Nacional de Música y se inscribió en la clase de Canto del maestro Lamberto L. Castañares. El solfeo lo llevó con el maestro don Estanislao Mejía; la Armonía, con el maestro don Julián Carrillo y el Piano con el maestro Antonio Gomezanda.




En 1922, estando en México una compañía rusa de ópera en la que venía el tenor Deneprof, éste tuvo la oportunidad de oír cantar a a maestra Bonilla en una clase de canto, y habiéndole gustado su voz, le propuso que ingresara a la compañía, la cual saldría en gira por América y Europa.

Este viaje no fue posible que lo realizara la maestra Bonilla, porque una vez más su padre manifestó su oposición a que ella anduviera en esos medios artísticos, diciendo que podría estudiar cuanto quisiera siempre que no se dedicara a las tablas.

Por esta misma época el señor Presidente de la República don Adolfo de a Huerta, pretendió enviarla becada a Filadelfia, pero e viaje tampoco se efectuó.

Como si fuera poco el ver frustrados estos dos viajes, para una artista como la maestra Bonilla que deseaba entregarse por entero a la música, en 1923 una doble tragedia vino a ensombrecer su vida, al morir en el término de 6 meses, su hermano menor Juan y luego Miguel, quien años antes, desde vecino país del norte, la ayudara económicamente en sus estudios musicales.

En 1925 su padre decidió enviarla a estudiar a Europa, por lo que 1° de enero ofreció un concierto de despedida en el cine Cuauhtémoc, de Coyoacán, y luego otro en la Escuela Nacional Preparatoria.

Su intención era irse a estudiar canto a Italia, cuna de la ópera, pero por indicación del maestro Salomón Kahan, cambió se decisión, y el mes de marzo del mismo año, acompañada de doña Rosalía, salió para Alemania y se inscribió en el Conservatorio de Berlín.

En el mes de julio de 1928 presentó su examen como concertista.

De Berlín se trasladó a Bayreuth, en donde recibió un curso de ópera wagneriana, precisamente bajo la dirección de Sigfrido Wagner, hijo del inmortal músico alemán Ricardo Wagner.

Al finalizar el año de 1928 la maestra Bonilla regresó a México, y ofreció un concierto en el Anfiteatro Bolivar, el 4 de diciembre, en el que cantó líder de grandes músicos alemanes como Schubert, Schumann y Brahms, convirtiéndose en nuestro medio, en una gran difusora de canciones alemanas.

En 1930 el Subsecretario de Educación, don Moisés Sáenz, le concedió una beca para ir a Alemania a realizar estudios especializados sobre Pedagogía. Con esta beca que llevaba de nuestro gobierno, disfrutó, al mismo tiempo, de otra que le fue otorgada en Alemania.

Durante su segundo viaje a Europa, en Alemania ofreció conciertos con canciones mexicanas, como la inspirada Canción Mixteca, del maestro José López Alavés, ante grandes personalidades.

Aprovechando su estancia en Europa, en Milán recibió un curso de canto y ofreció un concierto en el Real Conservatorio de ese importantísimo centro musical europeo.

De regreso a México, en 1932, en la ciudad de Nueva York dio un concierto en el Auditorio de los Ingenieros.

Después del segundo viaje a Europa, la maestra María Bonilla se dedicó a impartir sus enseñanzas, tanto en el Conservatorio Nacional de Música como en la Escuela Nacional de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México, a la que ingresó como Maestra de Canto, en 1934, y en abril de 1949, el puesto hasta el mes de febrero de 1961, en que renunció.

En 1948 realizó un viaje a Canadá, dando conciertos acompañada por el prestigiado pianista, también catedrático del Conservatorio y quien llegó a ser Subdirector del plantel, el maestro José Ordóñez. Durante su estancia en aquel país, hizo varias grabaciones de discos.

La gran cantante María Bonilla, en sus largos años como maestra de canto, ha preparado a innumerables alumnos, habiendo alcanzado muchos de ellos de difícil consagración, entre quienes podemos mencionar a la famosa soprano Irma González. Aurora Woodrow y Julia Araya, quien ocupó el puesto de la maestra Bonilla en el Conservatorio, al jubilarse ésta.

La Maestra María Bonilla se jubiló el mes de julio de 1961, pero continuó impartiendo sus enseñanzas a un grupo de alumnos, en la Academia que ella siempre tuvo en su domicilio particular.

Posteriormente a su jubilación, en que se retiró de las actividades oficiales, ha organizado en diferentes épocas, Cursos de Interpretación, en la Escuela Nacional de Música de la Universidad, y en la ciudad de Guadalajara, capital del Estado de Jalisco, los que han sido todo un éxito.

La maestra Bonilla ha sustentado conferencias, principalmente en el Conservatorio y en la Escuela Nacional de Música.

En 1963, en el Congreso Mundial de Mujeres Universitarias, al que asistieron representantes de 43 países, dio una conferencia con el tema Actualidad de las Actividades Musicales en México.

En 1952, la Universidad Nacional Autónoma de México le otorgó una medalla en premio a su Puntualidad, y en 1953, le fue concedida la medalla al Mérito Pedagógico. Posteriormente ha sido objeto de diferentes homenajes y distinciones, por diversas instituciones.

Retirada de sus actividades oficiales, ha vivido tranquila en su casa de Coyoacán, recordando todas las satisfacciones que le ha brindado la música y, tal vez, los sinsabores que le deparó el siempre veleidoso destino que en forma desconcertante, a unos golpea y a otros enaltece y los colma de dichas infinitas.


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